Los Chalecos Amarillos (Les gilets jaunes, Francia)

Los Chalecos Amarillos (Les gilets jaunes, Francia)

by NMAPA Núcleo Milenio Arte, Performatividad y Activismo, diciembre 10, 2019

Los Chalecos Amarillos (Les gilets jaunes, Francia)

Por Andrea Pelegri
Investigadora, Núcleo Milenio Arte, Performatividad y Activismo

En un contexto social particularmente tenso a nivel nacional, pero también mundial -las revueltas y movilizaciones populares están estallando en distintos lugares del orbe, y en muchos casos, por causas bastante similares- el caso de los Chalecos amarillos, movimiento surgido en Francia en noviembre de 2018 y que, aun cuando disminuido, sigue vigente, es un excelente botón de muestra de la cristalización de un descontento generalizado de la clase media con respecto a sus gobernantes, a las políticas económicas neoliberales y al funcionamiento general de los partidos políticos, tanto de derecha como de izquierda. Si bien las razones del estallido social en Chile, así como el contexto político, económico y social de nuestro pais, difieren considerablemente de lo ocurrido en Francia hace más de un año, hay varios elementos comunes que vale la pena analizar.

Les Gilets Jaunes (en español, “los chalecos amarillos”, en referencia a los chalecos reflectantes amarillos utilizados en Francia por automovilistas y/o ciclistas para ser fácilmente vistos en la vía pública) es un movimiento social francés que estalló en noviembre de 2018, específicamente, el día sábado 17 de dicho mes, y que ha continuado manifestándose desde entonces prácticamente en la totalidad del territorio francés, incluyendo los departamentos de ultramar. El punto álgido de las manifestaciones se dio los días 1 y 8 de diciembre de 2018, jornadas en las que los enfrentamientos entre la policía y la gran cantidad de manifestantes, sobre todo en París, devinieron en una serie de violencias policiales, saqueos, detenciones arbitrarias y destrucción de la propiedad pública y privada.

El factor detonante de este movimiento fue el alza prevista para el 1 de enero de 2019 del precio de los combustibles -en particular, de la bencina y del diesel- a través de la implementación de un impuesto ecológico para desincentivar el uso de combustibles fósiles por parte de la ciudadanía. Si bien dicha alza fue la llama que encendió la mecha -de manera muy similar al aumento de 30 pesos del ticket de metro en Santiago durante el mes de octubre de 2019- los Chalecos Amarillos se constituyeron, de manera mucho más amplia, en un movimiento de oposición a las políticas liberales impulsadas por el presidente Emmanuel Macron y su primer ministro Édouard Philippe, así como de los gobiernos anteriores (en particular, del gobierno de centro-derecha de Nicolas Sarkozy y del socialista François Hollande). Baja de salarios y de ayudas sociales, precarización de los trabajadores más desposeídos, bajo poder adquisitivo en los estratos medios y medios bajos de la sociedad francesa, falta de justicia tributaria y repartición de la riqueza, desconexión de la clase política y en particular, del presidente Emmanuel Macron, son algunas de las razones esgrimidas por los Chalecos Amarillos para protestar contra las políticas gubernamentales.

De manera general, el movimiento de los Chalecos Amarillos se distingue de otros movimientos sociales franceses por varias razones: en primer lugar, se trata de un levantamiento popular sin líderes establecidos a largo plazo, prácticamente alejado e independiente de las organizaciones sindicales tradicionales (CGT, CFDT, FO SUD, entre otros) así como de los partidos políticos organizados, ya sea de derecha o izquierda. Efectivamente, esta desafección entre manifestantes y sindicatos es más bien mutua, ya que varios de éstos últimos dudaron, al menos en un principio, en asociarse o siquiera apoyar las demandas de los Chalecos Amarillos. Asimismo, en términos ideológicos, se podría definir como un movimiento múltiple, impuro, integrado por personas de diferentes edades, opiniones políticas, género y nivel educacional, aunque representado principalmente por obreros y trabajadores de la clase media y media-baja francesa.

La fuerza de los Chalecos Amarillos no radica en el número de manifestantes en cada evento (bastante bajo en comparación a otros movimientos sociales históricos en Francia) sino en su duración (un año, en la actualidad) y su extensión geográfica, abarcando no solamente los grandes centros urbanos (París, Lyon, Bordeaux) sino también las zonas periféricas de las urbes de tallas medianas y pequeñas.

En términos simbólicos, una de las particularidades de los Chalecos Amarillos se traduce en su forma de manifestarse. Al tratarse de personas no necesariamente sindicalizadas, que no forman parte de un partido o formación políticos, manifiestan los días sábado -por lo tanto, sin perder un día de salario en un contexto de precarización progresivo. Asimismo, protestan no solo en las grandes ciudades, sino especialmente en los peajes y autopistas, bloqueándolos muchas veces, así como en las rotondas (rond-points en francés), espacio de organización urbana fundamental en el paisaje francés, particularmente en la periferia urbana. En efecto, Francia es uno de los países con más rotondas en Europa (65000 aproximadamente). Estas cumplen una función de regulación del tráfico (en vez de los semáforos), permitiendo el cruce de varias rutas en distintos puntos del espacio urbano y rural. Lo interesante de esta configuración espacial es que no existe un solo centro, sino varios puntos centrales, alimentados por varias rutas interconectadas. Esta imagen es particularmente potente en París, ciudad que, luego de las modificaciones llevadas a cabo por el Barón Haussman a fines del siglo XIX, cuenta con diferentes rutas y avenidas que confluyen en diferentes rotondas (un excelente ejemplo sería la rotonda donde se encuentra el Arco de Triunfo). Durante el punto álgido del movimiento de los Chalecos Amarillos, éstas últimas se convirtieron en un espacio de intercambio solidario y de socialización entre los manifestantes, instalando chozas y pequeñas cabañas para ocupar el espacio urbano. En dichas rotondas se llevaron a cabo asambleas, discusiones, intercambio de historias, gestos solidarios, nuevas formas de organización política y democrática.

El movimiento de los Chalecos Amarillos logró, a finales de diciembre de 2018, una serie de medidas por parte de Macron (aumento del salario mínimo, congelación del aumento de precios de los carburantes, así como de una consulta social masiva, el Gran Debate Nacional, que se llevó a cabo durante tres meses a lo largo del territorio francés, en diferentes cabildos y consultas individuales y colectivas en torno a los problemas de los ciudadanos). Dichas medidas, no obstante, no han logrado calmar la cólera popular. Si bien el movimiento ha perdido fuerza desde noviembre de 2018, otras reformas de Macron (particularmente la de jubilaciones y cesantía) podrían volver a encender la ira ciudadana, desembocando esta vez en un movimiento muchísimo más amplio, incluyendo en esta ocasión a gran parte de los sindicatos y gremios profesionales del país. El 5 de diciembre de 2019 se ha convocado a una huelga general que podría paralizar las principales ciudades del país y que, quizás, podría marcar también el retorno de los Chalecos Amarillos, esta vez bajo una nueva forma y con nuevos bríos.

 

Gilets Jaunes siendo evacuados de una rotonda. Diciembre, 2018. Francia. (Fuente. Laurent Ferriere)