“Camina, maraca conchxxxxxxxx”: La guerra de Piñera contra su propio país

“Camina, maraca conchxxxxxxxx”: La guerra de Piñera contra su propio país

by NMAPA Núcleo Milenio Arte, Performatividad y Activismo, octubre 23, 2019

Miguel Enrique Morales
Postdoctoral Researcher

“Camina, maraca conchetumadre. Camina, no me interesa, maraca culiá”. La escena es real. Lunes, 8 de la noche. El tercer día de toque de queda entra en rigor. En la comuna de San Miguel, Santiago, afuera de la Duodécima Comisaria, un militar del Ejército lleva detenida a una joven de alrededor de 25 años. Mientras la empuja por más de una cuadra hacia la Comisaría, la violencia de sus órdenes interpela a todos los allí presentes: parecen amenazas de un delincuente dentro de la cárcel antes que las palabras de un agente del Estado encargado del orden social.

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Somos entre tres y cinco personas que nos hemos quedado al lado de la comisaría para evitar las bombas de gas pimienta y los balazos de los militares contra los manifestantes. Incluso algunos carabineros de la comisaría están sobrepasados por la violencia desmedida: ni ellos estaban preparados para el material químico usado intempestivamente por los militares. La magnitud de las armas de guerra utilizadas por los militares es inaudita. Varios carabineros con sus ojos llorosos por los químicos tratan de apoyarse entre sí. Varios carabineros de esta comisaría parecen secuestrados por el escuadrón militar enviado al vecindario símbolo de la clase media post Transición: en San Miguel se encuentran las antiguas clases medias consolidadas con las clases medias emergentes de nuevos profesionales. Muchos de mis vecinos nacimos en poblaciones (guetos).

Los militares no habían aparecido en tal cantidad en los tres días de manifestaciones en el barrio. Su contingente coincide, por supuesto, con la declaración del Presidente de la República el domingo en la noche. En ella, Sebastián Piñera Echeñique señaló que en Chile “Estamos en guerra”. La desproporcionalidad de sus palabras es nueva en el país. Ni siquiera el dictador Augusto Pinochet había afirmado que en Chile había una guerra interna: siempre habló de extirpar el cáncer marxista, que era algo exógeno. Pinochet sabía que, de hacerlo, le daría la razón a la gente que llamaba a un enfrentamiento directo con la autoridad golpista. Pero Piñera, aleonado por su primo, un ex funcionario de la dictadura militar y hoy Ministro del Interior, Andrés Chadwick, ha declarado por primera vez en más de medio siglo que el país está en guerra contra un enemigo interno.

La guerra de Sebastián Piñera carece de dos bandos: en casi todo Chile, los manifestantes se identifican con distintas posiciones del espectro político. Lo más cercano a esta transversalidad que conoce la historia latinoamericana es el movimiento social en México el año 1968, o la actual movilización de la sociedad peruana contra toda la clase política. En San Miguel es posible ver bastante gente que votó por Piñera. Los abusos sociales legalizados por el Estado postdictatorial no discriminan entre derechas o izquierdas. Las únicas distinciones que consideró el Estado postdictatorial son dos: primero, entre la gente con mucho dinero y el resto; segundo, entre la gente con familiares o militancia en la política y en situaciones de poder (económico, judicial, académico, etc.) y los que no tienen contactos, “palanca”.

En tres días de “Guerra del Estado de Chile contra la sociedad chilena” ya se ha visto cómo estos dos modos de discriminación persisten. Hacia las zonas altas del país, los militares han usado la violencia de manera más blanda, a diferencia de los sectores medios y bajos donde operan “con munición de guerra”: “las fuerzas armadas no tienen armamento de juguete (…). Las fuerzas nuestras están con munición de guerra. La Policía de Investigaciones y Carabineros tienen elementos disuasivos, como balines, como agua, como gases lacrimógenos” (palabras del Jefe militar de la zona de Valparaíso, Juan Andrés de la Maza). Asimismo, cuando alguien se identifica como policía o familiar de policía o de personeros políticos, los carabineros o los militares no los golpean. Ejemplar es un video donde un carabinero corre contra una señora y esta le grita: “Soy hija de sargento, soy hija de sargento”, causando su retirada. El carabinero no era como aquellos de Fuerzas Especiales que están armados y que golpean indiscriminadamente a la gente. Este era un carabinero joven, sin armadura, que estaba siendo obligado a atacar a su propia gente.

Piñera justifica su guerra a la luz de una masa de vándalos que, efectivamente, ha realizado saqueos y robos. Pero esa masa es una porción muy pequeña de la sociedad que se manifiesta espontáneamente: en un mitin de 500 personas en San Miguel, no alcanzan a ser más de 15 los que están encapuchados. Los manifestantes en San Miguel se han enfrentado, pacíficamente, contra muchos de ellos. El domingo, por ejemplo, en la intersección de Salesianos con Gran Avenida, protestamos más de dos horas tras el toque de queda. Los carabineros vieron cómo los mismos manifestantes impedimos que un joven venezolano tirara las piedras con que amenazaba a la policía, pues dicha acción ponía en riesgo a las familias, muchas con niños, que estaban en la protesta. (¿Por qué sabemos que era venezolano? Porque luego se enfrascó en una discusión con otros manifestantes diciéndonos que en Venezuela él se enfrentaba siempre con la policía.)

Un manifestante le regala una rosa blanca a una carabinera: esta es la civilidad pacífica de la protesta espontánea. La carabinera termina conversando con la gente tras este acto. Luego de dos horas, los carabineros de esta zona de San Miguel señalan que recibieron la orden de aplicar rigurosamente el toque de queda, pero que en virtud de nuestra manifestación pacífica nos invitan a retirarnos pacíficamente evitando una confrontación. La confrontación de las fuerzas del Estado contra la sociedad civil es lo que a estos carabineros les habían ordenado. Desde el domingo, dicha estrategia se ha intensificado producto del “estado de guerra” que el presidente diagnosticó.

Por todo esto y más, la presencia de los militares en las calles es, en la práctica, una amenaza antes que una protección. Nadie entiende qué necesidad tenían de llegar a San Miguel disparando armas de guerra a dos metros del cuerpo de las personas. En apenas tres días de militares en la calle, la autoridad ya ha admitido cuatro homicidios por parte de los militares a lo largo del país. Son muchos los videos reales de oficiales del Ejército disparando a personas, incluso adultos mayores. Hay militares que han propinado golpes de puño contra las personas. En otro video, dos militares torturan sicológicamente en la calle a un joven al cual le obligan a hacer ejercicios físicos al lado de ellos mientras se ríen. Los militares están violando Derechos Humanos en Chile. En Chile se violan, de nuevo, Derechos Humanos. El Presidente le ha declarado la guerra a una sociedad cuyas armas son cacerolas y cucharas de palo.

No decía nada nuevo aquel militar que le dijo a la joven “¿Querí que te viole, maraca conchetumadre?”. Lo que hacía era admitir que además de la violación a nuestros derechos humanos por ellos perpetradas con autorización gubernamental, también están preparados para violar los cuerpos de las mujeres. Si esto no es el inicio de una dictadura, entonces no sé tampoco qué tipo de democracia es esta autoritaria que afrontamos en Chile estos días.

Ni siquiera en México, donde hay una guerra real contra un bando armado (el narcotráfico), vi alguna vez a un presidente avalando la violación de los derechos humanos con el descaro y la sorna de estos militares. Es comprensible tal seguridad en sí mismos: el presidente los ha autorizado y respaldado incluso después de las muertes ya provocadas. Sebastián Piñera ha convertido la democracia postdictarorial en la primera dictadura del siglo XXI en Chile. Piñera está siendo un dictador en democracia. Ha perdido su valor moral para encarar a Maduro y otros dictadores. ¿Cuántas otras mujeres serán amenazadas de ser violadas? ¿Cuántos carabineros retirados golpearan a manifestantes por no estar de acuerdo con las protestas? En suma, ¿cuántos muertos más contaremos desde hoy martes 22 de octubre?

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