Ahí va Pedro. Chao Pedro. Que te vaya bien Pedro: no son 30 pesos, son 500 años

Ahí va Pedro. Chao Pedro. Que te vaya bien Pedro: no son 30 pesos, son 500 años

by NMAPA Núcleo Milenio Arte, Performatividad y Activismo, diciembre 10, 2019

Ahí va Pedro. Chao Pedro. Que te vaya bien Pedro: no son 30 pesos, son 500 años

Por Manuela Badilla Rajevic
Investigadora joven, Núcleo Milenio Arte, Performatividad y Activismo

Busto de Pedro de Valdivia a los pies de la estatua de Lautaro en Concepción. Foto: twitter @HistoriaMapuche

La revuelta de octubre en Chile, si bien ha repercutido en una respuesta obtusa y displicente de parte del ejecutivo respecto de las demandas de este masivo movimiento ciudadano, y en un actuar tibio respecto de la remoción de sus autoridades (siete ministros de Estado, sin incluir aquellos que este último tiempo han sido altamente cuestionados, como la ministra del transporte Gloria Hutt, la Ministra de educación Marcela Cubillos y el Ministro de salud Jorge Mañalich), ha significado con el paso de los días la caída efectiva de varias cabezas: las de al menos trece bustos o estatuas que han sido literalmente decapitadas, derribadas o destruidas en diferentes ciudades a lo largo del país.

En Temuco fue el turno del busto de Pedro de Valdivia, conquistador de Chile, que tras ser removido a plena luz del día, fue arrastrado varias cuadras por algunos manifestantes sorprendiendo a transeúntes y vecinos, como se puede escuchar en uno de los muchos videos que han circulado estos días en que una mujer asombrada exclama “¡Mira! Ahí va Pedro… ohhh, ¡chao Pedro! ¡Que te vaya bien Pedro!”. En esta misma ciudad el busto de Diego Portales, ideólogo de la constitución autoritaria de 1833, corrió una suerte similar, así como la cabeza del militar Dagoberto Godoy, cabeza que fue además reinstalada por los manifestantes como un trofeo en la estatua del toqui Caupolicán. En Cañete fue destruido una busto de Pedro de Valdivia y una estatua de García Hurtado de Mendoza, uno de los primeros gobernadores de Chile. En Concepción también la estatua de Pedro de Valdivia fue sacada de su pedestal. En Valdivia otro busto de Pedro de Valdivia fue removido de su base y colgado en uno de los puentes de la ciudad y una estatua de Bernardo O´Higgins fue derribada y posteriormente quemada. En Los Ángeles también le tocó a O’Higgins, cuyo monumento ubicado en la plaza de armas fue víctima de las llamas. En Collipulli rodó la cabeza de Cornelio Saavedra, líder militar del proceso de ocupación del Wallmapu. En tanto, en La Serena la estatua de Francisco de Aguirre, refundador de la ciudad, fue destruida e incendiada y, tras un par de días, una organización social de la región instaló en su lugar el torso de una mujer diaguita fabricado con materiales de reciclaje bautizada como “Milanka”, estatua que hace unas noches fue a su vez destruida por desconocidos. En Arica fue el turno nada menos que de la estatua de Cristóbal Colón. Y en Santiago le tocó a una parte del monumento al General Manuel Baquedano, concretamente a la estatua de uno de los soldados que rodeaba dicho hito ubicado en plena Plaza Italia.

Busto de Pedro de Valdivia colgando en el puente del mismo nombre en Valdivia. Foto: noticiaslosrios.cl

Estos monumentos dedicados a diferentes próceres de la conquista y la construcción del Estado nación que yacían calmos durante décadas y décadas en diferentes plazas a lo largo del país, testigos mudos de innumerables cambios sociales, encontraron en estos días su sorpresiva caída y desgracia. Estatuas que a simple vista no tenían por qué haber estado dentro del petitorio de demandas iniciales de esta revuelta se han transformado en protagonistas del descontento social. Bustos y cabezas han sido removidas en general durante el día por algunas personas a rostro descubierto o con pañuelos cubriendo parte de sus caras y sus desmoronamientos fueron celebrados con gritos de algarabía. Emociones que recorrió las redes sociales, cargando a tales acciones de aún más peso. En algunos casos las estatuas fueron abandonadas junto con los restos de barricadas, en otros las cabezas o bustos fueron reubicados cobrando significados nuevos y contra-hegemónicos, como le ocurrió al busto de Pedro de Valdivia en Concepción que terminó empalado a los pies de la estatua del toqui Lautaro.

Los monumentos y estatuas forman parte de la memoria material de las sociedades. La gran mayoría de las veces la cultura material es administrada por las elites, grupos que a través de instituciones e intervenciones concretas como los museos, el currículum escolar y los monumentos pretenden permanecer y reproducirse en el tiempo asegurando su posición social. La construcción de esta memoria cultural ha exaltado valores heroicos y patrióticos, homogeneizando identidades nacionales sin reconocer la pluralidad de voces que forman parte de nuestra historia y silenciando la voz de los vencidos.

Cabeza de Dagoberto Godoy colgando de las manos de Caupolicán en Temuco. Foto: twitter @dano_sur

La revuelta de octubre ha despertado lentamente la conciencia de una opresión y acomodo de la elite que no tiene que ver sólo con los últimos 30 años desde el fin de la dictadura, si no que ha removido y hecho visible memorias largas de dominación silenciadas por siglos. La caída en desgracia de estos monumentos ha ilustrado el poder de la movilización social en la transmisión a las nuevas generaciones de siglos de abusos, porque no son 30 pesos, son 500 años. El infortunio de estos monumentos, muchas veces vacíos de significado para las y los transeúntes, los ha vuelto visibles, esta vez cubiertos de pintura roja y grafitis y fuera de sus pedestales.

La decapitación y destrucción de monumentos históricos es una de las consecuencias esperadas al fin de conflictos sociales y guerras de larga data. Pero en este caso, la desdicha de estos monumentos es un efecto inesperado en un conflicto social que fue gatillado por el alza del pasaje del Metro de Santiago y que ha mostrado con fuerza la magnitud de la injusticia fruto del sistema neoliberal en Chile. La decapitación de las figuras de bronce que otrora adornaron calles y parques puede ser leída como la explosión de un tendencia anti-monumentos que en el acto efímero de la desmantelación de estos próceres encuentra su propuesta memorial.

La caída de estas cabezas de bronce, constituye un acto performativo y ritual que remueve los cimientos de la narrativa nacional, que de ningún modo puede ser visto como un simple acto de ‘vandalismo’ o ‘salvajismo’ como señaló con ramplonería el historiador Alfredo Jocelyn-Holt en una nota publicada el 31 de octubre en La Tercera[i]. En cambio, como ha expresado la académica estadounidense Diana Taylor, son muchos los actos culturales efímeros y transformadores que estratégicamente han sido posicionados fuera de la historia, señalados como formas inválidas para la transmisión[ii]. Estas improvisadas y sorpresivas formas de hacer memoria en la ciudad nos muestran otras estrategia disponible para pensar y volver a imaginar el futuro. Una forma drástica y estéticamente rotunda de reclamar un lugar en la construcción de las nuevas narrativas que Chile necesita.

La pregunta que tenemos que hacernos es qué lugar les damos a estos actos efímeros. ¿Pueden volver a su lugar esas cabezas decapitadas como parte de un pacto de omisión que borre este octubre de nuestra historia? ¿Vale la pena construir nuevas estatuas en aquellos pedestales hoy yermos que representen ese Chile que muchas personas hoy intentan imaginar? ¿O es el pedestal vacío quizás el mejor monumento que Chile le puede dedicar a su clase política displicente y adormecida en sus privilegios?

* Psicóloga y Doctora en sociología. Investigadora postdoctoral, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Valparaíso. Investigadora joven NMAPA.

[i] Bahamondes, Pedro (31 de octubre 2019) ¿Contra la historia? Los próceres en entredicho. Culto, La Tercera. En https://culto.latercera.com/2019/10/31/historia-proceres-entredicho/
[ii] Ver, Taylor, Diana. 2006. “Performance and/as History.” TDR 50 (1): 67–86.

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